martes, diciembre 26, 2006

Ponencia

Organizaciones democrático-solidarias y procesos de intención autogestionaria

Vivimos en una sociedad organizacional, buena parte del quehacer humano se efectúa en y mediante organizaciones; desde la maternidad hasta la funeraria. Sin embargo, hay importantes contradicciones que nos llevan a analizar con más profundidad este hecho. La capacidad científico-tecnológica e industrial, más el conocimiento acumulado en todas las esferas, permitiría una vida bastante agradable para toda la humanidad. Según estimaciones del matemático y ensayista Bertrand Russell –realizadas en la década del 40- bastaría con que cada persona cumpliera un trabajo socialmente necesario de no más de cuatro horas diarias. Pero, contrariamente, pareciera que la existencia se hace cada vez más vulnerable: gran parte de los habitantes de la Tierra vive en la pobreza e indigencia mientras otro segmento se desenvuelve en la opulencia; el deterioro del medioambiente está produciendo consecuencias amenazantes para la vida; la destructividad y las guerras son pan de cada día, y año a año más personas presentan trastornos síquicos y conductuales (delincuencia incluida). Como dice el biólogo Humberto Maturana, en las actuales organizaciones productivas, ser persona es una impertinencia, porque no están construidas sobre la base de relaciones sociales, es decir, su trasfondo emocional no es la aceptación del otro como un legítimo otro en la convivencia. Por el contrario, la lógica que prevalece en los lugares de trabajo, que es donde pasamos gran parte de nuestras vidas –casi 10 horas diarias en el caso chileno-, es la utilización instrumental del otro. Pretendemos la democracia y el respeto a los derechos humanos a nivel de estructura global, pero debemos soportar las mayores dictaduras y despotismos en las unidades en donde se juega la producción de las condiciones de existencia.
Ante esta constatación, podemos adoptar dos posturas: una es aquella que nos dice que siempre ha sido así, que este mundo es de los canallas, que fue y será una porquería, que todo intento de cambio será infructuoso, y que lo único que cabe es buscar lo humano fuera de los ámbitos organizacionales (familia, amistades, vida social, etc.). La otra, es pensar que el cambio es posible y que debemos intentarlo. En esta senda se hallan los procesos de intención autogestionaria, el desarrollo local y de las organizaciones democrático-solidarias.
Los que han seguido esta última postura, apuntan sus estudios hacia dos dimensiones: la experiencia práctica y las propuestas ideológicas.
Por el lado vivencial, generalmente las fuentes han sido las siguientes:
-Las formas organizacionales pre-capitalistas, como las comunidades campesinas y las asociaciones gremiales de artesanos, gildas y arteles. También se pueden mencionar las Ligas de ciudades libres.
-Los intentos conscientes que el movimiento obrero e intelectuales ha realizado desde la revolución industrial: cooperativas, mutuales, colonias o comunidades de vida, kibutz.
-Los experimentos amparados por algunos Estados, siendo el caso más ambicioso el llevado a cabo en la Yugoslavia de Tito entre 1950 y 1990.
-Las innovaciones aceptadas por el empresariado: “participación” (subordinada), círculos de calidad, comités de empresa, etc.
-Los momentos insurreccionales, rupturas revolucionarias, con presencia de situaciones de dualidad de poder y control obrero: comunas, soviets, consejos obreros, comités de fábrica. El más extenso fue el llevado a cabo durante la guerra civil española, entre 1936 y 1939, en la zona de Aragón y Cataluña. En Chile tuvimos el fenómeno de los cordones industriales y de los consejos comunales de trabajadores, entre 1972 y 1973.
En el plano de las ideas, las tendencias que han favorecido los procesos autogestionarios van desde los socialistas “utópicos”, los liberales demócratas (John Stuart Mill), socialistas cristianos, marxistas libertarios, sindicalistas revolucionarios, socialistas gremiales, anarquistas, situacionistas, humanistas, ecologistas, la corriente del personalismo comunitario, feministas, indigenistas, movimiento por un desarrollo alternativo, que incluye aportes de la sabiduría oriental (budistas, taoístas). Como vemos, un amplio abanico de ideologías.
A estas alturas, ya podemos presentar una de las definiciones clásicas de autogestión, lanzada en 1975 por Yvon Bourdet: “La autogestión es una transformación radical, no sólo económica sino también política, en el sentido en que destruye la noción común de política (como gestión reservada a una casta de políticos) para crear otro sentido de esta palabra: a saber, la toma en sus manos, sin intermediarios y a todos los niveles, de todos ‘sus asuntos’ por todos los hombres”. Además, entregó las condiciones necesarias para la autogestión: democracia directa (asamblea soberana y revocabilidad de los mandatos), rotatividad en los cargos, acción directa (sin intermediaciones), educación e información como procesos permanentes.
No obstante, la historia nos muestra que la mayoría de los intentos han terminado en el fracaso, ya sea que se han desintegrado, que degeneran hacia formas semicapitalistas o han sido aplastadas por la fuerza.; las que sobreviven se ven constantemente amenazadas por múltiples problemas, dificultades, obstáculos, deficiencias e impedimentos.
Ante esta realidad, que nos hace pensar en que ya nos hemos estado dando demasiados cabezazos contra la pared, surgen dos opciones: tirar la toalla y contentarnos con hacer un poco más tolerables las actuales instituciones, o perseverar en nuestro empeño, pero dando un salto cualitativo. El cuento es cómo hacer que las experiencias organizativas democrático-solidarias y que los procesos de intención autogestionaria emerjan, sobrevivan, se desarrollen, se multipliquen y expandan hasta llegar a ser la forma orgánica predominante. En resumen, cómo lograr que sean menos improbables.
La vía para esto ya la enunció el economista y filósofo Luis Razeto: Para él la historia de estos intentos “(…) denota la complejidad y riqueza de un fenómeno complejo, en el cual, sin embargo, la unidad entre teoría y práctica no ha sido jamás perfeccionada. Todo ello constituye un vasto conjunto de materiales empíricos y conceptuales sobre los cuales toda nueva elaboración científica debe apoyarse, si bien distinguiendo críticamente los contenidos cognoscitivos de lo que es sólo ideología desviante, recogiendo selectivamente los materiales de información acumulados, y elaborando creativamente una estructura cognoscitiva superior”.
La pregunta ahora es cómo empezar y por dónde encauzar esta labor de praxis. Lo primero es, como aconseja la sabiduría popular, aprender de los errores y fracasos.
Ya a comienzos del siglo XIX hay crónicas que dan cuenta del fracaso o desviación de las experiencias intentadas: aparición de conducciones autoritarias, rebeliones internas, escisiones, falta de unidad y de cooperación, actitudes egoístas tanto individuales como colectivas, habladurías, discordias, rivalidades, deserciones y traiciones. Es a comienzos del siglo XX cuando la reflexión sobre este tema adquiere mayor rango. El naturalista ruso Pedro Kropotkin, en su fascinante libro de 1902 titulado El Apoyo Mutuo, mostró restos de las antiguas formas de comunidad en nuestra sociedad y a su lado ejemplos de solidaridad actual, más o menos informes. Indicó que el movimiento cooperativista moderno, que en sus orígenes tenía esencialmente carácter de ayuda mutua, ha degenerado a menudo en un “individualismo de capital por acciones” y fomenta un “egoísmo cooperativo”. En general, Kropotkin mostró que las organizaciones sustentadas en la ayuda mutua tienden, con el tiempo, a degradarse y aparecen en ellas “excrecencias parasitarias que les eran extrañas”, debido a lo cual estas mismas instituciones se transforman en obstáculos para el progreso. La verdadera tragedia de la historia consiste –para este autor- en la triple lucha que se produce, dentro de las organizaciones, entre:
a) Los protectores de lo existente,
b) Los rebeldes que, manteniendo los principios de ayuda mutua, se empeñan en purificar las viejas instituciones de los elementos extraños a ellas, o en elaborar formas superiores de libre convivencia, y
c) Otros rebeldes que intentan destruir las instituciones protectoras de apoyo mutuo a fin de imponer, en lugar de éstas, su propia arbitrariedad, acrecentar de este modo sus riquezas y fortificar su propio poder.
Algunos años después (1911) apareció el libro Los partidos políticos, que lleva como subtítulo: “Ensayo sobre las tendencias oligárquicas de la democracia”. Según su autor, Robert Michels, la democracia no se concibe sin organización y la organización conduce inevitablemente a la constitución de un grupo dirigente separado de las masas. “Es la organización, escribe, la que origina la dominación de los elegidos sobre los electores, de los representantes sobre los representados, de los delegados sobre quienes les han otorgado su delegación. El que dice organización, dice oligarquía”. Para él la causa de este proceso es triple:
a) En primer lugar hay una causa técnica: la imposibilidad “mecánica” de realizar la democracia directa. La masa no puede ejercer directamente el poder, tiene que entregárselo a una minoría.
b) Hay además una causa psicológica. Para Michels las masas necesitan jefes que admirar, figuras con las que puedan sentirse identificadas.
c) Por último, hay también una razón intelectual: las condiciones de la gestión de una organización y la participación en las decisiones supone una competencia que la masa no tiene.
A raíz de este estudio, se acuñó la expresión: “Ley de hierro de formación de oligarquías”.
Más o menos en la misma época, el sociólogo alemán Max Weber, en un estudio que hizo del desarrollo interno de la “comunidad minera” –una asociación de producción de los obreros mineros, en el medioevo alemán-, mostró que en la primera época de ese desarrollo se produjo una apropiación progresiva de la mina por parte de los obreros y una progresiva expropiación de los dueños. La asociación se convirtió luego en directora de producción y distribuyó el beneficio ateniéndose en la medida de lo posible al principio de la igualdad. Pero, luego se llegó a una diferenciación entre los mismos obreros: los que acudieron después a causa de la creciente demanda ya no eran admitidos en la asociación, eran “no-compañeros”, jornaleros; y el proceso de descomposición así iniciado prosiguió hasta que elementos de intereses puramente capitalistas penetraron en el personal de la comunidad minera y el sindicato acabó convirtiéndose en un órgano del orden capitalista que contrataba a los obreros (semejanzas con evolución de algunos kibutz).
Otro momento importante de reflexión lo encontramos luego de la ola autogestionaria producida a raíz de los acontecimientos del Mayo 68 en Francia. De hecho, es a partir de esa experiencia, influenciada a su vez por las experiencias yugoslava y argelina, que el término autogestión se universaliza. En 1976 apareció el libro La Autogestión, de Pierre de Rosanvallon, en el que sienta las bases para su conceptualización:
a) La autogestión es un realismo democrático, y se funda sobre un análisis de las dificultades en el ejercicio democrático del poder. Su problema es el de las condiciones de la democracia.
b) La autogestión se define como la apropiación social de los medios de poder en la sociedad toda entera. No se limita a la apropiación de los medios de producción.
c) La autogestión es tanto una estrategia como un objetivo. Propone una estrategia de apropiación de los medios de poder. Permite superar la alternativa reforma o revolución, definiendo una problemática política de la experimentación social.
d) La sociedad política autogestora está vinculada al desarrollo de un modo de producción autónomo. Implica el reconsiderar la relación entre la actividad económica y las demás formas de actividad social.
Este autor inventa la expresión “entropía democrática”, que entiende como “la degradación de la ‘energía democrática’ en una estructura, proceso que osifica y formaliza una democracia viva”. Como la autogestión es concebida como práctica viva de una verdadera democracia, la degradación de ésta es cuestión que pone interrogantes demasiado grandes como para no abordarla en profundidad. Más específicamente, esta entropía se describe así: “el grado de participación en las asambleas generales que va descendiendo en el tiempo, la relación entre representantes y representados que tiende a transformarse en una relación entre dirigentes y dirigidos; la autonomización progresiva del delegado que se instituye en poder separado y poco controlable. La entropía democrática cubre así dos aspectos: la calidad de la representación por un lado y la de la participación directa por otro. El autor cuestiona el recurrir a la democracia directa como solución, pues consigna que ella sólo se puede dar en grupos pequeños o en momentos fugaces. Lo que este autor considera propio del concepto autogestionario es lo que llama una “democracia de decisión”, lo cual implica una estructuración con órganos separados, instituciones, una forma de constitución, y una dialéctica masa-organizaciones de masa.
La moda autogestionaria tiene su clímax en 1977. Ese año se crearon el Centro Internacional de Coordinación de Investigaciones sobre la Autogestión (Cicra), en Francia, y el Instituto Intercultural para la Autogestión y Acción Comunal (Inauco), en España.
Siguiendo esta misma problemática, pero en un nuevo nivel de análisis, apareció en 1982 el libro Formación de oligarquías en procesos de autogestión, del sociólogo chileno Darío Rodríguez. Este autor, siguiendo las ideas del sociólogo alemán Niklas Luhmann sobre teoría de sistemas, explica que la formación de oligarquías o jerarquías es el mecanismo que las organizaciones tienen más a mano para reducir o manejar la complejidad del entorno externo e interno. Es decir, de no mediar ningún mecanismo alternativo para hacerse cargo de la complejidad, el sistema “espontáneamente” tiende a recurrir a la formación de oligarquías o jerarquías. Ese descubrimiento lo llamaron la Ley de la complejidad, y lo describen como un fenómeno netamente sociológico, que trasciende las particularidades culturales. Con esto se puede pensar en una analogía con lo que la ley de gravitación universal es para las ciencias físicas. Es una realidad que no se puede abstraer a la hora de construir obras en altura o aparatos para volar. El éxito no se obtiene ignorando la fuerza de gravedad, sino que desarrollando, mediante la ingeniería, las técnicas, mecanismos y dispositivos que permiten “vencer la gravedad”. De no incorporar la realidad de las tendencias oligárquicas al mismo sistema, mediante un proceso de re-entry, pasaremos eternamente dándonos porrazos.
Paralelo a esta reflexión, el profesor Darío Rodríguez nos advierte acerca de la importancia del factor cultural como determinante de premisas decisionales. En su estudio sobre la cultura organizacional del chileno, concluye que ella se caracteriza por ser vertical, paternalista, con tendencia a eludir las responsabilidades e individualista. El origen de estos rasgos estaría en la larga tradición de la hacienda y del sistema de inquilinaje, que vertebró por varios siglos el quehacer del país. Estas características idiosincráticas de nuestros connacionales también deben ser incorporadas a la hora de planificar procesos de tinte autogestionario. Además, debemos ir hacia un análisis más fino, que nos permita descubrir aspectos culturales que posibiliten procesos autogestionarios, es decir, soportes en donde apoyarse –reforzándolos- para desde allí iniciar innovaciones (resilencias democrático-solidarias).

Otro debate en torno a la autogestión se produjo en relación a la figura del Estado y de la economía de mercado, y sobre las formas de propiedad más adecuadas. Una conclusión provisoria es que el ideal es la propiedad “social” de los medios de producción, aunque en la práctica se deben experimentar diversos tipos de propiedad. Razeto propone la propiedad personal asociada o repartida, otros, la municipal. Algunos se inclinan por la propiedad estatal con estatuto de autonomía, o la propiedad externa del capital pero también regida por un estatuto que garantice la soberanía de los órganos autogestionarios.
El Estado, como paradigma jerárquico de estructuración política, tiene una racionalidad distinta y contrapuesta a la autogestión. Lo mismo puede decirse del Mercado, definido como una particular institución, forma o mecanismo de integración y coordinación de la actividad económica. La lógica mercantil, del valor de cambio, del dinero-mercancía, de la guerra comercial, es disfuncional con la racionalidad autogestionaria. Aunque las organizaciones democrático-solidarias y los proyectos autogestionarios deben crear sus propios y adecuados sistemas de integración económica y estructuras políticas, es indudable que tendrán que convivir con el Mercado y el Estado. Esta convivencia será más favorable para la causa autogestionaria en la medida que se logre democratizar y descentralizar el Estado y que los mercados se acerquen lo más posible a la “perfección” de que hablan los economistas.

Por último, algunos esbozos para hacer más probables el surgimiento, consolidación y desarrollo de las organizaciones democrático-solidarias y de los procesos de inteción autogestionaria:
a) En el ámbito de la antropología, es preciso estudiar las formas organizacionales pre-clasistas o pre-patriarcales: sociedades, pueblos o tribus matricéntricas, matrilineales, extinguidas o que sobreviven en remotos lugares. Erich Fromm nos dice que estas agrupaciones humanas tienen de común denominador: igual protagonismo y valoración de hombres y mujeres, predominio de propiedad comunitaria, inexistencia del matrimonio, la mayoría del trabajo se realiza con métodos asociativos (el trabajo asalariado es marginal), respeto al medio ambiente y vínculos pacíficos internos y con los vecinos. Estas afirmaciones han sido corroboradas por investigadores como Humberto Maturana. El antropólogo Pierre Clastres tiene interesantes estudios sobre las sociedades que, aunque presentan grados altos de complejidad, nunca llegaron a desarrollar Estados.
b) Otra veta es analizar las manifestaciones existentes, hasta las más diminutas o aparentemente insignificantes de ayuda mutua y convivencia democrática: “mingas”, organizaciones económicas populares, los "beneficios", etc. Luis Razeto teorizó sobre el fenómeno producido en los sectores populares en la crisis de comienzos de la década del ochenta.
c) Creación de tecnologías apropiadas (organizacionales, de intervención social y medioambiental). Iván Illich.
d) Elaboración de una teoría adecuada (confrontación entre ideología, ciencias y práctica). Experimentación y retroalimentación con las ciencias sociales y humanas. Apoyo en Teoría Organizacional comprensiva. Conceptualización de las organizaciones como sistemas sociales compuestos por decisiones, compromisos, conversaciones, comunicaciones (Luhmann, Fernando Flores, teoría de sistemas, de comunicación organizacional). Desde 1983 se edita la Revista Iberoamericana de Autogestión y Acción Comunal, cuyo director es Antonio Colomer. En ella se ha ido configurando una multidisciplinaria reflexión.
e) Estudios sobre el imaginario social y la realidad simbólica: Cornelius Castoriadis, Amadeo Bertolo, Félix Guattari.
f) Propuestas en torno a la Comunicación e información social en función del cambio social. Armand Mattelart, Manuel Calvelo.
g) Confección de un proyecto político (“empoderamiento” – “poder popular”). Conformación de alianzas y fijación de estrategias. Asambleas zonales, foros ciudadanos, etc. Teoría política comprensiva. Eduardo Colombo. Acumulación de fuerzas. Capacidad negociadora. Necesidad de las treguas.
h) Configuración de un sector de economía social, con sistemas alternativos de producción, distribución y consumo, de formas, mecanismos o instituciones de integración de la actividad económica que sean coherentes con la racionalidad democrático-solidaria. Herkovitz, Francois Perroux, Karl Polanyi, Michel Albert. Economía clásica y liberal (Smith, Nash). Análisis de Marx. Experimentación. Teoría de los juegos. Hacia una teoría económica comprensiva (Razeto) o de las necesidades (Max-Neef).
i) Implementación de metodologías de educación-aprendizaje permanente (Iván Illich, Paulo Freire).
j) Preparación de liderazgos apropiados (facilitadotes, proactivos, promotores, catalizadores). ¿Qué hacer con los dirigentes que ya cumplieron con sus cargos? Reciclaje ¿Cómo aprovechar su experiencia sin que se conviertan en conductores "eternos"?
k) Desarrollo de “resquicios legales”. El armazón jurídico-legal, por provenir de poderes del Estado –que tienen otra racionalidad- nunca se ajustará exactamente a las necesidades o intereses de la corriente democrático-solidaria. Por lo tanto, es preciso crear “artimañas” que permitan operar sin transar los principios. Para esto, hay que partir por diferenciar claramente entre orgánica y personalidad jurídica.
l) Aportes de la Sicología social y comunitaria. Adentrarse en el Análisis institucional o Socioanálisis: Rene Lourau, Pierre Ansart.
m) Propuestas desde la Ecología social: Murray Bookchin. Comunalismo o municipalismo libertario.
n) Creación de mística, espíritu (Gustav Landauer). Relación con conceptos de Utopía e Ideales (metáfora del horizonte, de las figuras matemáticas de línea, punto y límite). Gandhi.
Esta ponencia fue presentada en la Jornada Territorial Norte de Servicio País, realizada en la ciudad de Caldera, en el invierno de 2004.

martes, junio 06, 2006

Sistemas de compensación se expanden por el mundo

El regreso de las formas de intercambio no monetarias


A continuación presentamos la exposición realizada por Eric Watteau, a comienzos de este año (1996) en el PET. Él es un investigador del Ministerio de Finanzas de Bélgica, que se ha dedicado a estudiar la proliferación de formas no monetarias de intercambio en el mundo. Con este artículo iniciamos una serie destinada a difundir esta práctica, que puede ser utilizada especialmente en el ámbito del desarrollo local.

El interés de los intercambios no monetarios viene de una reflexión sobre los problemas monetarios, en particular de los siguientes:

-El dinero está distribuido desigualmente, de ahí que necesidades esenciales no estén satisfechas;

-Los mercados financieros tienen un impacto enorme en el mundo del trabajo. Por ejemplo, en 1994, los mercados financieros americanos temían presiones inflacionarias por causa de la disminución, a su parecer demasiado rápida, de las tasas de cesantía. Las tensiones que surgieron incitaron a las autoridades monetarias a comprimir sus tasas para frenar la expansión económica, y de ahí, frenar la disminución de la cesantía;

-La naturaleza del dinero plantea el problema de la usura: el peso de los intereses está en el origen del ciclo infernal de la deuda, a nivel internacional, nacional e individual. La usura contribuye, también, al carácter competitivo del dinero (y, por lo tanto, no cooperativo) que genera sus exclusiones (bancarrota, quiebra, etc.).

-La naturaleza especulativa del dinero se encuentra también en la volatilidad de los mercados financieros, la deconexión respecto a la esfera real de los bienes y servicios, etc. Es más fácil y más rentable colocar su dinero que invertir en actividades realmente productivas, que generan empleos.

El objeto de la siguiente reflexión no es agotar la problemática del dinero, sino que ver si es posible salir un poco de los círculos viciosos generados por el dinero. Porque éste, tal como funciona hoy en día, genera heridas profundas en el tejido social: se trata de la exclusión social con toda su corte de consecuencias dramáticas: pobreza, miseria, migraciones, ghettoización, falta de integración, criminalidad simple y organizada (mafias), droga, enfermedades, depresiones, desintegraciones familiares, suicidios, etc.

Ya que el dinero plantea graves problemas, podríamos imaginar sistemas de intercambio complementarios que se salgan del marco de la moneda clásica, a fin de aportar respuestas, incluso imperfectas, a los disfuncionamientos encontrados. Veamos entonces cómo los intercambios podrían funcionar sin moneda, lo que evoca inmediatamente el tema del trueque.

¡El trueque existe! El trueque pareciera ser un medio de intercambio obsoleto. Y sin embargo, no es cierto. Podemos, en efecto, darnos cuenta de que existen tres tipos de trueques: el trueque internacional, el trueque regional, que atañe particularmente a las pequeñas y medianas empresas (Pymes) y el trueque local. Nos avocaremos a este último, que me parece una pista esencial para luchar contra este grave fenómeno de nuestra época, que es la exclusión, o , incluso, la expulsión social.

Utilizar la palabra trueque es tal vez un tanto erróneo; una mejor palabra sería más bien sistema de compensación. ¿Qué podemos encontrar como sistemas?

Las redes de intercambio de conocimientos o saberes

Son sistemas donde cada uno se convierte en recurso para el otro. Por ejemplo, Bernardo intercambia nociones de contabilidad contra cursos de fabricación de mermelada, o Pascal ofrece cursos de crianza de pollos contra cursos de cocción de pan a la antigua. Se trata entonces de un sistema de trueque donde se aprende y se enseña con otros. La regla de oro es la reciprocidad y la gratuidad. El sistema tiene un impacto social: uno crea relaciones, amigos. El sistema es flexible también: toma en cuenta la persona, a los usos, la disponibilidad, los saberes, las falencias, la cultura, los handicaps, etc. (1)

Trueque-tiempo (palois)

Es una red multilateral de intercambio de servicios cuyo origen se encuentra en Pau (Pirineos franceses). El sistema funciona a partir de intercambio de horas: un servicio prestado de una hora a un miembro del grupo da derecho a una hora en contraparte (principio de equidad).

El objetivo de la red es intensificar las relaciones entre habitantes de una zona dada, desarrollar la solidaridad y el encuentro, y multiplicar las relaciones sociales (salir del aislamiento). Los miembros del grupo toman así regularmente algunos tragos juntos.

Los principios son de permitir a cada uno, cualquiera sea su edad y su formación, participar en el trueque-tiempo; de hacer que cada uno encuentre ahí su interés y de valorizar los trabajos domésticos.

El sistema funciona como un banco o una bolsa de servicios. Las listas de ofertas y demandas son centralizadas y en las ofertas de servicio, se indica el mejor horario en que se puede dar este servicio. El reglamento interno es bastante complejo con aspectos muy precisos para algunos tipos de servicios (autorizaciones oficiales requeridas para algunos servicios).

Salvo algunas excepciones, el sistema no acepta más que ocho horas de servicio recibidas sin dar retribuición. Una compensación monetaria a la tasa del SMIC (2) horario está prevista para casos de cesación de participación al grupo, o si se ha sobrepasado el límite de ocho horas.

Los miembros pagan una cotización que cubre los gastos generales y la suscripción al seguro (responsabilidad civil de la red y de los miembros y protección individual) (3)

Hasta este día una decena de grupos existen en Francia y uno en Suiza. En regla general, los participantes no están en situación precaria. Se trata más bien de un trueque de confort, pero aporta beneficios sociales notables.

Sistema LETS

Se trata de una red de intercambio de bienes y servicios y el mecanismo abarca más que los dos primeros sistemas presentados (red de intercambio de saberes y trueque-tiempo), porque puede abarcarlos en su campo de actividades.

La red funciona a través de mecanismos de compensación que descanzan en una institución de base (4) donde cada miembro registra sus intercambios con otros miembros de la comunidad, a través de unidades de intercambio definidas por convención: el valor es definido como ligado a la moneda nacional o como ligada al tiempo; la definición vía tiempo puede ser igualitaria (1 hora por 1 hora) o diferenciada (½ hora de dentista vale 3 horas de servicio del sistema).

Concretamente, esto funciona de la siguiente manera. En el sistema de compensación, las cuentas de los participantes están en cero en un principio: el sistema está así en equilibrio, pero no pasa nada. Se debe, entonces, desequilibrar el sistema para que la red empiece a funcionar. Para ilustrar esto, cada uno empieza con un saldo de cero y un carnet de cheques (3 volantes). Para obtener un servicio de un miembro "B" de la red, "A" hace un cheque. "A" es entonces negativo en la red, mientras que "B" es positivo. El saldo global del sistema queda en cero, pero "A" debe dar un o unos servicios por un monto equivalente o superior a uno u otro miembro de la red para ya no ser negativo, mientras que "B" puede pedir a uno u otro miembro de la red un servicio con las unidades de más que adquirió. El endeudamiento de "A" con respecto al sistema produce, entonces, una dinámica económica local.

Por lo tanto, hay creación de instrumento de intercambio para los participantes, la base del sistema (la credibilidad) descansa en el compromiso de cada uno de los miembros y de la comunidad (la red) en sentido amplio.

En este sistema, el crédito ofrecido mutualmente es gratuito (no hay interés) y los créditos no escasean puesto que son creados para la dinámica local, es decir, la voluntad de cada uno de compartir sus competencias.

El mecanismo puede cubrir todo un conjunto de servicios a condición de que sean locales: asistencia a personas, servicios domésticos, servicios de guardias, asistencia a la juventud o a la familia, trabajo de oficina, ayuda agrícola, trabajos de jardinería, vivienda, alimentación, transportes, carpintería, etc. Si las pymes y las profesiones liberales participan en el sistema, las unidades LETS pueden ser utilizadas.

Ventajas económicas del sistema:

-Mayor cantidad de bienes y servicios son intercambiados en una comunidad donde el dinero es limitado;

-Los recursos de intercambio son conservados en el seno de las comunidades locales en vez de que emigren;

-El endeudamiento financiero puede ser eludido o limitado así como todos los problemas ligados al sobreendeudamiento;

-Un ahorro financiero clásico puede, eventualmente, ser constituido;

-Se desarrollan aspectos de autosuficiencia de la economía (con impactos positivos a niveles de la ecología);

-Permite a los cesantes de larga duración probar que durante su cesantía, lograron seguir siendo activos y productivos.

Ventajas sociales del sistema

- Establecimiento de una red de solidaridad cálida;

- Valorización de las competencias;

- Aumento de la calidad de vida;

- Flexibilidad incentivada por el reconocimiento de las potencialidades propias que permiten ejercitarse en know-how no habituales;

- Satisfacción de las necesidades diarias sin o con poca liquidez;

- Aumento de la confianza, del respeto y de la comunicación;

- Protege a la familia de la dislocación y crea una estructura familiar ampliada;

- Mayor conciencia social y menor avidez.

Hoy en día, existen entre 800 y 1000 grupos en el mundo, principalmente en los países anglosajones (Canadá, Estados-Unidos, Reino-Unido (±400 grupos), Irlanda, Australia, Nueva Zelandia), pero también en los Países Bajos (± 60 grupos), en Alemania y en Francia.

En lo que concierne a Bélgica, la red aparece más lentamente, pero es también a causa de algunas interrogantes en materia de reglamentación. Por el momento, se cuentan tres sistemas en Flandes y uno en Bruselas.

Los dólares-tiempo

Es un sistema que viene de los Estados Unidos y que permite intercambios sin salidas de caja. Es un plan de crédito-servicio iniciado por Edgar Cahn, un abogado. Concibió su plan, como un medio de responder al carácter inapropiado de programas gubernamentales orientados a los problemas sociales.

La idea de base es que una persona puede obtener créditos-tiempo ayudando a alguna otra persona hoy, y utilizar estos créditos más tarde para obtener servicios similares para sí mismo o para su familia. El plan comenzó con un intercambio de una serie limitada de servicios (principalmente a personas de la tercera edad, de educación y de cuidados a niños), pero Edgar Cahn espera que, finalmente, el espectro de los servicios cubiertos pueda ser ampliamente extendido.

La unidad del esquema es el "dólar-Tiempo" equivalente a una hora de servicio. La intención es intercambiar servicios sobre la base de una hora contra una hora. Por ejemplo, cuando el señor Green le dedica dos horas a ayudar a la señora Brown a hacer sus compras, recibe dos “dólares-Tiempo” inscritos a su favor. Más tarde, cuando el señor Green se verá, él mismo, en la necesidad de ser ayudado, podrá pedir dos horas de servicios a alguna otra persona del sistema.

Edgar Cahn obtuvo mucho apoyo oficial. La administración de los impuestos dictó así la regla de que el “dólar-Tiempo” está excento de impuestos. Esta excención permitió la rápida proliferación de programas de “dólar-Tiempo” en el país. En abril de 1993, había ya 85 programas operando en 26 Estados, con otros 20 en preparación. El Estado de Missouri tiene, él solo, 37 programas. El gobierno de este Estado está tan entusiasmado, que garantizó el valor de los créditos de servicio: va al mercado para comprar los servicios de aquellos que han ganado créditos cuando faltan participantes para otorgar los servicios contra “dólares-Tiempo”, cuando es necesario.

El dólar-Tiempo otorga reconocimiento a los servicios que, normalmente, hubiesen sido hechos por personas benévolas. Una de las principales ventajas es que permite a los participantes, es decir, a las personas de edad, a los jóvenes, a los cesantes, etc., redefinirse ellos mismos como productores y contribuidores, más que receptores de caridad. Edgar Cahn cita también algunos resultados importantes de este sistema, como la construcción de una comunidad: "El proceso mismo de ganar créditos integra a los grupos... empiezan por tener comidas juntos; después establecen grupos de vigilancia del vecindario contra la criminalidad, y empiezan a velar los unos por los otros. Pueden así implementar cooperativas de consumo alimenticio, etc. Este sistema actua como catalizador, para la creación de una cohesión de grupo, en una sociedad en que este tipo de función es difícil de encontrar".

Integración e identidad social

Acabamos de ver muy brevemente cuatro mecanismos de donación y de contra-donación (Intercambio de Conocimientos, Trueque-Tiempo, Lets, Dólar-Tiempo), bajo la forma de sistemas de compensación. Su interés particular es que constituyen una respuesta, entre otras, al problema de la exclusión social. La gente descubre en estos sistemas un medio de poner en valor un recurso disponible: su tiempo; y hay ahí pistas de reflexiones relacionadas con nuestro sistema económico y monetario que, dado el progreso tecnológico y las reestructuraciones, destruye el tiempo de trabajo. Sin embargo, para muchos, el trabajo define la integración y la identidad sociales. Es decir, la importancia primordial de encontrar aquellos tiempos de trabajo que contribuyen a la identidad social (queda, eso sí, hacer la distinción entre el tiempo de trabajo de una economía en que se está alienado por tareas repetitivas y monótonas, y un trabajo cumplido que favorece la creatividad y los contactos sociales. Pero este tema merece un debate particular y no es nuestra tarea inmediata).

Así, crear un sistema de intercambio que vuelve a dar un tiempo de trabajo, un tiempo que favorece la explosión de la creatividad y un tiempo en el que se renuevan los contactos sociales, puede contribuir a restablecer la identidad social. Esto no debe ser olvidado cuando la desinserción social conduce a la enfermedad, a la depresión, a la dislocasión familiar, al suicidio, a la droga, a la violencia, a la criminalidad, al repliegue de identidad o incluso a la extrema derecha (skin heads neonazis, grupos neofascistas).

La respuesta de los Estados

Los mecanismos de dólar-Tiempo están excentos de impuestos en los Estados Unidos; además, hay un tipo de mecanismo similar en el Japón (sistema de ahorro-Tiempo).

En Irlanda, la Seguridad Social decidió, en agosto de 1993, no rechazar sus beneficios a los asegurados, mientras el esquema LETS no empiece a pasar a llevar al empleo imponible y asegurable regularmente. En consecuencia, 60% de los participantes en los LETS irlandeses son beneficiarios sociales (cesantes, padres solteros o pensionados). Los argumentos a los que fue sensible la seguridad social son los siguientes: mantención del hábito de trabajo (eficiencia contra la depresión), de las competencias, de los contactos sociales (posibilidad de tener conocimiento de las ofertas de empleo), de la confianza en sí mismo (elementos esenciales para regresar a la economía formal). Por lo demás, los negociadores del LETS dieron la orden a los participantes de no aceptar, en el marco del LETS, ofrecer su trabajo contra recursos monetarios.

En Australia, el ministro de la Seguridad Social, Peter Baldwin, anunció en diciembre de 1993, que los tipos de crédito LETS no son recursos, en el marco del análisis de los recursos para la Seguridad Social. Los esquemas LETS son considerados como una iniciativa comunitaria útil, que no debe ser desalentada por los reglamentos de la Seguridad Social. Hay razones suficientes para dar a los beneficiarios sociales la flexibilidad para participar en estos esquemas. En particular, los esquemas de tipo LETS representan una forma de actividad que da asistencia a los beneficiarios, permitiéndoles guardar contacto con las competencias y los hábitos requeridos en el mercado del trabajo, así como con el mercado del trabajo propiamente tal. La decisión consiste, por lo tanto, en permitir a los receptores de beneficios sociales, participar en los LETS, a condición de que sigan estando disponibles en el mercado del trabajo; la actividad de buscar trabajo debe seguir siendo su primera prioridad.

En los Países Bajos, la Corte administrativa habría emitido (una resolución) que estipula que los recursos establecidos en unidades de intercambio locales, deben ser objeto de recaudación fiscal (IVA + contribuciones) en estas unidades locales. Por lo demás, el Ministerio de Finanzas instituiría una regla que permite a los participantes LETS ser exonerados de impuestos hasta el equivalente de cuatro mil a cinco mil florines (de pesos chilenos), en un mismo tipo de actividad ejercida en el seno de un LETS. Varios tipos de servicios rendidos que entran en categorías distintas de actividad no serían, sin embargo, impuestos si el monto alcanzado en cada categoría es inferior a cuatro mil o cinco mil florines. En lo que concierne a la ayuda social holandesa, hay que saber que está ampliamente descentralizada a nivel comunal. En Leeuwaarden, el hecho de ejercer en un LETS actividades propias de su calificación, y de manera no ocasional, puede tener consecuencias a nivel de los beneficios. Por el contrario, construir una terraza el fin de semana a cambio de la reparación de un motor, no los afecta. En Arnhem, sin embargo, el carácter de las actividades permitidas parece ser más restrictivo: la fuerza de trabajo no pagadas (se subentiende en moneda) no pueden tomar el lugar de las fuerzas de trabajo pagadas; no puede haber competencia desleal con las empresas, y las instituciones subsidiadas no pueden servirse de los LETS. Si se respeta este marco, las actividades LETS son permitidas sin consecuencias para los beneficiarios de la ayuda estatal.

Debemos subrayar un principio puesto en evidencia por los promotores del LETS: el de favores amistosos rendidos en un círculo de amigos.

A nivel de Francia, el carácter de asociación sin fines de lucro (ley de 1901) es importante en lo que respecta a la exoneración fiscal de las prestaciones, para servicios ocasionales ofrecidos entre particulares.

El sistema tiempo-trueque Palois desarrolló también un sistema de seguros. Es importante en el tema de la responsabilidad civil.

¿Y Bélgica? Tres problemas deben ser puestos en evidencia. Primero, la cuestión social, después, la cuestión fiscal, y , en fin, la cuestión de los seguros.

A nivel social, la actividad que puede desplegar un destinatario de ayuda estatal, como un cesante, es muy restrictiva. Según el edicto real, del 25 de noviembre de 1991, para cobrar seguros de de cesantía, el cesante debe estar privado de trabajo y de remuneración. La condición de estar privado de trabajo está explicitada en el artículo 45 del edicto real: "es considerado como trabajo: 1º La actividad efectuada por su propia cuenta, que puede ser inserta en la corriente de intercambios económicos de bienes y servicios, y que no está limitada a la gestión de bienes propios; 2º La actividad efectuada para un tercero y que procura al trabajador una remuneración o una ventaja material, de naturaleza a contribuir a su subsistencia o a la de su familia. Se presume, hasta prueba de lo contrario, que toda actividad efectuada para un tercero procura una remuneración o una ventaja material". Por lo demás, las restricciones conciernen también a los beneficiarios sociales que dependen de otras categorías: minusválidos, enfermos, inválidos, pensionados, (minimexeses), etc. Se necesita, por lo tanto, una reglamentación que les permita acceder al sistema.

A nivel fiscal, hay ingresos en franquicias de IVA y de impuestos directos, a condición de que no se sobrepase ciertos niveles. Debiera operarse un análisis a este nivel para saber hasta qué nivel un participante en un esquema LETS o de dólar-Tiempo pueda ganar unidades de intercambio, sin ser objeto de imposición desconsideradamente.

A nivel de los seguros, se deben estudiar mecanismos que permitan cubrir los riesgos de las partes involucradas en los intercambios no monetarios (accidentes causados a sí mismos o al otro, destrozos materiales, etc.).

A defecto de encontrar soluciones concretas, las personas que participan en el sistema, en particular las más desfavorecidas, corren el riesgo de tener sorpresas particularmente desagradables, que podrían conducir a más exclusión, lo que no es deseable.

Sin embargo, la cuestión del trueque está a la orden del día. Dos diarios se lanzan sobre el trueque: uno en Bruselas (5), el otro en Namur (6). Las primeras ediciones están previstas en noviembre de 1995.

Por mi parte, pienso que es urgente abrir el espacio reglamentario que permita el acceso a estos mecanismos, a todos aquellos que viven una situación de precariedad, ya sea económica o solamente social. En definitiva, se trata de crear los canales a través de los cuales una sociedad más humana podrá realizarse, porque habrá implementado solidaridades cálidas, indisociables, además de las solidaridades frías.




Notas

(1) Lugar de contacto: Maison de l´Amitié (Casa de la Amistad) ( D. Bouché) en 5570 Beauraing, teléfono: (082) 67.70.06, Paulina Romero, Le Méridien, (02) 218.56.08.

(2) Salario mínimo en Francia.

(3) Frente a la compañía "Réseau Mutuel" (Red Mutual).

(4) Idealmente una asociación sin fines de lucro.

(5) Troc en stock (Trueque en stock), BP 19, 1020 Bruselas 2; ASBL Cauris, Rue Émile Wauters, 114 a 1020 Bruselas; teléfono: 02/478.86.42.

(6) Le Journal du Troc (El diario del Trueque), BP 242 a 5000 Namur 1.

Publicado en La Hoja de las organizaciones económicas populares, Nº105-106, en marzo y mayo de 1996.

lunes, noviembre 15, 1999

El devenir de la autogestión


Quiero partir aclarando que este estudio no pretende situarse en una postura “objetiva” o neutra; sólo intenta ser honesto. Este trabajo se basa en una crítica radical a los sistemas de dominación, y su autor se cuenta entre aquellos que aman el cooperativismo, la mutualidad, la autogestión y otras expresiones de la economía solidaria y democrática. De todos modos, se intentó una investigación coherente, fundada en fuentes verificables y que evitara cualquier tipo de tergiversación.
No debe asustarse el lector con el barroquismo de este documento; es un reflejo de la personalidad de su autor y del momento histórico en que vivimos. Los analistas del desarrollo de las artes dicen que los estilos fluctúan u oscilan entre lo clásico y lo barroco, siendo estos últimos períodos los que presagian importantes transformaciones. Es lo que sucedió en la primera mitad del siglo XVIII con el Rococó, época en que se estaban fraguando trascendentales cambios que se concretarían en la segunda mitad de esa centuria.
Los temas vinculados a la autogestión en Chile han ocupado a unas cuantas personas desde fines de la década del sesenta. Nuestro país no fue una excepción a la moda que se originó en torno a este concepto, a nivel mundial, a comienzos de los años setenta. Por aquel tiempo, muchos actores sociales vieron en la autogestión casi una panacea para terminar con los males e injusticias de la sociedad capitalista, y, prácticamente, se “enamoraron” de una idea colmada de valores y principios humanistas y libertarios. Es así como hoy, después de alrededor de tres décadas, podemos encontrar a una buena cantidad de hombres y mujeres que participaron de ese sueño de construir, a través de los intentos autogestionarios, un sistema social donde cada persona pudiera desarrollar sus capacidades, colaborando, al mismo tiempo, a la realización de los demás. Sus emociones, al evocar ese período, están mezcladas con frustración, desesperanza, decepción y tristeza, porque la experiencia demostró que la tarea era mucho más difícil de lo que se pensaba, y que el camino estaba lleno de obstáculos, problemas y reveses, tanto en la dinámica interna de los ensayos, como en el entorno (basta con recordar que la dictadura militar comenzó en 1973, en pleno auge del movimiento autogestionario mundial). No obstante, no es antojadizo afirmar que casi toda esa generación de chilenos (as) que fueron protagonistas de esos experimentos sociales, quedaron marcados por lo que ha constituido uno de los episodios más significativos de sus vidas. No quedan indiferentes cuando se les trae a colación el tema, y muchos (as) de ellos (as) han aplicado algún aspecto de la autogestión en sus actividades habituales. Tal es el caso, por ejemplo, del ingeniero Andrés Navarro, que implementó un innovador modelo de administración en la exitosa empresa computacional Sonda, o del sociólogo Darío Rodríguez, que ha desarrollado un vasto trabajo de asesoría empresarial en el tema de la gestión organizacional.
A diferencia de una Tesis, que intenta demostrar la validez -o el error- de una hipótesis, la Monografía es una descripción de un fenómeno que sólo deja planteadas algunos asuntos que pueden servir de hipótesis para futuras investigaciones.
El objetivo de la presente monografía es describir el proceso de desarrollo histórico del concepto que hoy se conoce como autogestión. La génesis del concepto, la aparición y universalización del término, el devenir de su conceptualización y amplitud. También, este estudio pretende mostrar el contexto o ambiente de ese devenir, el estado de ánimo o clima social que se vivía.
Cuando tenía 13 años, en 1980, en momentos en que Chile llevaba siete años sin democracia, comenzó mi cuestionamiento acerca del tema social. No me parecía que hubiese justificaciones válidas para que un sector de la población viviera con todas las comodidades -grupo en el cual se encontraba mi familia (clase media “acomodada”, pequeña y mediana burguesía)- mientras otra porción, mayoritaria, tuviera que sobrevivir a duras penas. ¿Por qué no podíamos todos tener las mismas posibilidades para desarrollarnos íntegramente?
“El adolescente moderno –comenta el biólogo Humberto Maturana- aprende valores, virtudes que debe respetar, pero vive en un mundo adulto que se las niega. [...] Se les enseña a desear la justicia pero los adultos vivimos en el engaño. La tragedia de los adolescentes es que comienzan a vivir un mundo que niega los valores que se les enseñó”.
El tema organizacional comenzó a interesarme desde que estaba en el Colegio San Pedro Nolasco, en Las Condes. Ya en esa época intuía que la pobreza, las injusticias sociales y muchos conflictos humanos tenían relación con la forma en que se organizaba la sociedad. Recuerdo haber sido todavía un niño cuando rechacé una invitación para ingresar a los Boys Scouts, pues no me parecía correcto que los jefes fueran designados por los superiores y no elegidos por los miembros. Cuando, en enseñanza media, fui elegido durante dos años como presidente de curso, tomé conciencia de las “tentaciones” del poder. En primero medio (1981) me entretuve durante largas horas estudiando textos nazis y fascistas, con la idea que quizás el problema estaba en que los sujetos que dominaban a la mayoría no eran los adecuados. Al año siguiente me convencí de que la cuestión de fondo se encontraba en el fenómeno mismo de la dominación; ¿por qué ésta debía tomarse como un asunto “natural” si era la causa de tantos problemas y conflictos? En consecuencia, decidí que las doctrinas nacionalistas no eran mi camino.
En 1983, primer año de las protestas nacionales contra la dictadura militar, el consejo de presidentes de curso me escogió para ocupar el cargo de presidente del Centro de Alumnos del colegio. La Dirección del establecimiento se mostró muy reacia a nuestras demandas de mayor participación en los asuntos que tenían que ver con los alumnos. Logramos difundir el tema de los derechos humanos, y organizamos las primeras votaciones universales para elegir a la directiva del año siguiente, luego de diez años en que habían estado suspendidas. Las clases de religión y filosofía eran el único espacio académico para debatir acerca de la democracia, los derechos humanos, etc. Recuerdo cuando, con el apoyo del profesor Fernando Longás -licenciado en filosofía de la UC- expusimos con un grupo de mi curso acerca de la ilegitimidad de la Constitución del 80, nada menos que frente al consejo de profesores en pleno. A esas alturas me identificaba en mayor medida con las doctrinas del humanismo cristiano.
El primer año y medio en la Universidad Católica participé en la formación de la Asamblea de Estudiantes Democráticos de Ingeniería Civil-que integrábamos sólo 60 de los 360 estudiantes de primer año-, en las movilizaciones estudiantiles convocadas por la recién redemocratizada federación de estudiantes (Feuc), y en trabajos voluntarios en la zona mapuche y en poblaciones populares de Santiago. Para alguien que había pasado toda su vida en el “barrio alto” de la capital, el contacto directo con el mundo de la gente “sencilla” me hizo confirmar mi intuición de la insanidad que significa la división clasista de la sociedad, y verificar el abismo entre la opulencia de la minoría y la vida precaria y esforzada de un gran porcentaje de la población. Todavía me “patea” el recuerdo de la opinión de algunos estudiantes de ingeniería que consideraban que el poseer una inteligencia privilegiada implicaba que su voto no podía valer lo mismo que el de los seres “normales”.
Mi “flechazo” con la idea autogestionaria se produjo en 1986, cuando, ya decepcionado y “traumado” con mi carrera de Ingeniería, entré a participar en una agrupación estudiantil de tendencia autónoma y libertaria llamada RIA. Una de las ideas fuerza de ese conglomerado era la crítica al manejo cupular que las juventudes políticas hacían de la Feuc. A partir de esa instancia tuve la oportunidad de conocer a alumnos de distintas carreras que se identificaban con lo que, en esos momentos, comenzaba a llamarse “movimiento alternativo”. Esa fue la primera vez que escuché hablar acerca de las investigaciones de personajes como Luis Razeto, Manfred Max Neef y Humberto Maturana. Desde esos días, empecé a vincularme con ecologistas, promotores de tecnologías apropiadas, activistas de derechos humanos, feministas, humanistas, marxistas, socialistas autogestionarios, anarquistas, cristianos próximos a la Teología de la Liberación, indigenistas y estudiosos de las filosofías orientales y de las distintas escuelas sicoterapéuticas. Todos estos, componentes del citado movimiento. Un contacto que me marcaría profundamente fue el que establecí con los miembros de la Coordinadora de Estudios Hombre y Sociedad, un grupo de “jubilados” de gremios del cuero y calzado, estucadores, tipógrafos, etc., anarcosindicalistas y anarquistas “específicos”, y con Clotario Blest.
Por esa misma época, a través de un cursillo de socialismo, me di cuenta que el principio del “centralismo democrático” que propugnaba el leninismo era una burla y una estafa. Aunque nunca milité en un partido político, aproveché todas las invitaciones que me hacían las juventudes de izquierda para participar en charlas y exposiciones.
Totalmente empapado por estas ideas, cada vez que podía, aprovechaba algún ramo de mi nueva carrera (Periodismo) para compenetrarme más con el tema. En el transcurso de los cinco años que estuve en esa Escuela, pude realizar los siguientes trabajos:
-Biografía y perfil humano de Clotario Blest.
-Entrevista a Mario Radrigán, cientista social de la Confederación de Cooperativas de Chile (Confecoop), acerca de la comparación entre el Capitalismo Popular y el Cooperativismo.
- “Autogestionar los medios de comunicación”. Este trabajo fue inspirado por las clases de José María Desantes sobre las Sociedades de Redactores en Europa.
-Exposición: “Sector de Economía Social y Desarrollo a Escala Humana”, en el ramo de Pensamiento Económico Contemporáneo.
-Invitación a Ignacio Larraechea, investigador del Programa de Economía del Trabajo (PET), para exponer los conceptos de Organizaciones Económicas Populares (OEP) y Economía Popular de Solidaridad.
-”Desarrollo de la autogestión en Yugoslavia”. Ramo: Sistemas Políticos Comparados. (También de esta época fue una discusión con el profesor Gustavo Martínez, ya que cuestioné el principio jerárquico en ciencias políticas. Puse como ejemplo el funcionamiento de una tribu africana que no tenía jefes y que ni siquiera poseía el concepto de autoridad. Lamentablemente la fuente era un documental que ví en la TV, por lo que no puede retener el nombre ni la ubicación geográfica de dicho pueblo).
-Proyecto de revista y video para la Federación de Empresas, Cooperativas y Talleres Asociados (Fecot). Ramo: Periodismo Institucional.
-Análisis del libro Caminos de la libertad, de Bertrand Russell, con el profesor Matías Tagle.
-“Esbozo para una historia de la autogestión en Chile” (1967-1982). Ramo: Procesamiento de la Información.
En 1988 participé en la Campaña del NO, y fui apoderado de mesa por el PPD. Celebré la victoria, pero con un dejo amargo; de alguna forma presentía que los cambios serían muy lentos y difíciles. Además, se vivía la caída de los “socialismos reales”, el “fin de las ideologías y de la historia”, etc.
También durante mi época de estudiante de Periodismo, participé en un comité de la Federación Nacional de Cooperativas de Vivienda (Fenacovi), con el objeto de crear un boletín informativo, proyecto que no llegó a concretarse. Como miembro del Movimiento de Integración Latinoamericana, asistí a una charla del profesor Gastón Soublette respecto a la necesidad de un cambio de Paradigma, en donde comentaba las experiencias de las redes de granjas agro-ecológicas que existen en algunas zonas del mundo. Por esos años, llegaban a mis manos, de vez en cuando, ejemplares de la revista Comunidad, elaborada por la Comunidad del Sur (Montevideo-Uruguay), en donde aparecieron interesantes artículos sobre la autogestión.
Consciente del derroche de recursos que implicaba que todos los años las nuevas promociones de estudiantes pagaran las mismas fotocopias que los de la generación anterior ya habían sacado, elaboré una propuesta para la creación de una Central de Apuntes administrada por los mismos alumnos. La idea era formar una cooperativa o mutual de estudiantes de Periodismo que otorgara ese servicio. Para asesorarme en la materia fui al PET, ocasión en que conversé por primera vez con Luis Razeto. Ante la crisis de participación y la apatía que afectaba al Centro de Alumnos de Periodismo (Caper) me ofrecí a elaborar un proyecto de nuevos Estatutos, que contenía principios autogestionarios. Paradojalmente, ambas iniciativas, aunque no llegaron a concretarse en mi Escuela, sí fueron puestas en práctica en otras.
Desde 1989 hasta 1992 integré un Colectivo Libertario de Comunicación, al cual llegaron dos “retornados” de Francia. Con ellos elaboramos algunos programas para la radio Libertaria de París, confeccionamos material de difusión y editamos un par de números de un periódico llamado Acción Directa. Durante esos cuatro años, el tema de la autogestión siempre estuvo presente, y tuve oportunidad de leer clásicos de Proudhon, Bakunin, Kropotkin y Malatesta.
En 1991, cuando tuve que escoger un tema para mi Memoria, tenía interés en investigar los motivos por los cuales, hasta ese momento, no se había podido constituir un sector de economía social, solidaria y de trabajadores, con identidad propia, en Chile. El profesor guía, Oscar Saavedra, me hizo ver que era una cuestión demasiado amplia para ser tratada en esa instancia. Por lo tanto, decidí que iba a estudiar los procesos de comunicación organizacional en una empresa de trabajadores. Para tal efecto, seleccioné a Metalgas S.A., una fábrica de cocinas y calefactores a gas ubicada en la comuna de Quinta Normal. Junto con averiguar su historia y modo de funcionamiento, entrevisté a 15 trabajadores (as), para conocer las formas y problemas de comunicación que tenían en la empresa.
La práctica profesional la realicé a comienzos de 1992 en El Diario, periódico dedicado a temas financieros, económicos y comerciales. Allí escogí dedicarme a cubrir el sector de la micro y pequeña empresa, artesanos, cooperativas y campesinos.
Mi primer trabajo como periodista fue en la revista El Canelo, publicación destinada a fomentar el desarrollo de una sociedad ecológica (su editor era Marcelo Mendoza, también ex alumno de periodismo de la UC). En ese espacio, pude hacer reportajes relacionados con el cooperativismo y la autogestión, y conocer más sobre el tema, como, por ejemplo, a través de la charla que Antonio Colomer, director de la Revista Iberoamericana de Autogestión y Acción Comunal, dio en la Universidad Bolivariana. También supe de Félix Guattari, Julius Nyerere y Fernando Savater. Al integrar un grupo que tenía por objetivo crear una Fundación Clotario Blest, tuve la oportunidad de conocer a varias personas que vivieron de cerca el proceso de los Cordones Industriales, en Santiago, entre 1972 y 1973.
Al fundar con otras personas el Comité por el fin del Servicio Militar Obligatorio (Cosmo), establecí contactos con el movimiento ecologista, feminista y lésbico-homosexual, y me enteré de los fundamentos de la filosofía gandhiana de la no-violencia activa.
A continuación, fui nombrado editor del boletín La Hoja de las Organizaciones Económicas Populares. El comité editorial estaba compuesto por representantes de varias ONGs dedicadas al tema (PET, Trabajo para un Hermano, Contigo, Red Integrando). Junto con efectuar reportajes, artículos y entrevistas relacionados con la autogestión, intentamos crear un consejo editorial amplio, para lo cual llevamos a cabo algunos encuentros con delegados de organizaciones de artesanos, microempresarios, campesinos, cooperativas, mutuales, sindicatos, etc. Tanto El Canelo como La Hoja, finalmente, dejaron de producirse, afectadas por la reducción del aporte financiero que hacían las agencias internacionales de cooperación.
En función de retomar mi Memoria, le llevé mis informes de avance al profesor Gustavo Martínez, a quien le interesa bastante el tema de la autogestión. El me hizo algunas indicaciones, siendo una de ellas que me preocupara de realizar un más completo marco teórico. De ahí, tomé la decisión de replantear la investigación y hacerla específicamente acerca del vínculo entre comunicación y autogestión. Para ello contaba con una primera aproximación gracias a un documento que en 1979 elaboró la periodista Myriam Sáa, y con la experiencia de haber sido colaborador de Integrando. Esta fue una Red de Información de la Economía de Solidaridad, creada por el PET y Luis Razeto, y formada por un núcleo impulsor de jóvenes profesionales del área informática y de ciencias sociales. Mi aporte fue en la diagramación del boletín de la Red. El supuesto que orientaba esa iniciativa era que para constituir un sector solidario de economía era fundamental la comunicación entre los potenciales sujetos o actores de dicho sector.
En 1993 participé en las primeras acciones de la campaña presidencial de Max-Neef, cuando era el anti-candidato; me retiré cuando oficializó su candidatura.
A través de estas iniciativas he conocido a algunos (as) retornados (as), a los cuales les tocó pasar su exilio en Europa, en donde, desde 1968, la autogestión es un concepto que está presente en los debates económicos, políticos y sociales.
A partir de 1994, y por cuatro años, participé en un proyecto que pretendía crear una imprenta autogestionada que apoyara el accionar de otras organizaciones sociales. Las maquinarias las trajo un retornado de Holanda, y el taller funcionó los tres primeros años en Santiago y el último en el puerto de San Antonio. El fracaso de la iniciativa se debió, en parte, al crónico déficit del recurso financiero y en la escasa “visión comercial” de sus integrantes (yo incluido). En forma paralela, con otros dos periodistas, nos propusimos organizarnos de tal manera de apuntar hacia la creación de una cooperativa de trabajo, intención que también quedó en el camino.
Depresión desde 1995. Crisis de proyecto… Período de desencanto, frustración, desesperanza, desasosiego, impotencia; vuelco hacia el interior. Sincronía con el estado de ánimo de la llamada “crisis de utopías”, descrito claramente por Martín Hopenhayn en su libro Ni apocalipticos ni integrados (1993).
Por último, desde 1998 integro un proyecto de pesca artesanal en calidad de asistente administrativo. El propietario de la embarcación tiene el deseo de llegar a formar una empresa en donde los trabajadores tengan participación. Como era de esperar, también esta iniciativa se ha topado con una cantidad enorme de problemas. A comienzos de este año, entrevisté a Hopenhayn acerca del concepto del trabajo hoy en Chile.
Haber trabajado durante un año y medio dentro de una clínica siquiátrica de escasos recursos en La Pintana, por un año en un taller de jóvenes con discapacidad mental en San Antonio, y durante seis meses con la gente vinculada a la pesca artesanal, ha reforzado mis convicciones. ¿Por qué uno de los trabajos más útiles para la sociedad, como es la extracción de recursos naturales, tiene que significar la degradación física, la restricción intelectual de aquellos que lo realizan? Cada sujeto (individual o colectico) necesita de contingencias de refuerzo, de sentirse capaz, con fuerza, elevar su autoestima, generar confianza en sí mismos, de amor propio; todos y cada una de las personas merece condiciones de trabajo dignas e igualdad de oportunidades para autorrealizarse, y compartir proyectos con sentido comunitario, que los haga trascender y enfrentar la angustia de la separatidad. Lo contrario produce el embotamiento de las facultades, el embrutecimiento, la muerte en vida. Un sistema basado en el abuso, en el aprovechamiento, en el dominio y la explotación de unos por otros, no puede llevar al pleno desarrollo de las capacidades humanas. Solamente las relaciones cooperativas, solidarias, de ayuda mutua y democráticas son capaces de generar una verdadera evolución de la humanidad.
Con la aparición, a fines de 1997, del libro Los cordones industriales y el socialismo desde abajo, de Miguel Silva, opté nuevamente por reformular el tema de mi Memoria. Ahora quería hacer la historia de los intentos de índole autogestionario que se habían hecho en Chile entre 1967 y 1989. A poco andar, me percaté de que era un trabajo demasiado extenso para los efectos de una Memoria, por lo que reduje el período a la etapa comprendida entre 1967 y 1973, pues en aquel momento se vivió un proceso general de democratización en la sociedad chilena. Cuando ya tenía escrito la “obra gruesa” de ese desarrollo, llegué a la conclusión de que si a ese escrito le sumaba el marco teórico -que también ya tenía avanzado- el resultado sería un texto tremendamente largo. Por lo tanto, finalmente, decidí convertir dicho marco teórico en el cuerpo principal de la monografía, y transformar el desarrollo del período 1967-1973 en un pequeño resumen para incluirlo dentro del devenir de la autogestión.
El proceso de esta memoria ha sido como un embarazo de casi nueve años. Al decidirme a retomar definitivamente su elaboración a comienzos de este año, coincidió con una crisis de angustia, de ansiedad y pánico, pues la sumatoria de fracasos me hizo dudar de mi capacidad para terminarla (parece que el síndrome de fin de siglo no es un invento de los sicólogos).
Esta investigación está inserta en la corriente del denominado Movimiento Alternativo, que, como ya se dijo, integra variadas tendencias del desarrollo histórico de la humanidad. Aunque la autogestión se considera como un método de transformación radical de la sociedad, no se desecha ni se impugnan las tentativas pequeñas, parciales o aisladas que se dan en el marco del capitalismo, ni las experiencias impulsadas desde los Estados (ya sea democráticos o de partido único). De todas estas experimentaciones es posible obtener conocimientos que aumenten el caudal teórico de la autogestión. De cada fracaso se puede generar aprendizaje. Otra característica de esta línea de análisis, es que, sin ignorar los aportes doctrinarios de los pioneros en el tema -desde fines del siglo XVIII hasta mediados de este siglo- se pretende despojar a la teoría autogestionaria de todo dogmatismo, y confrontarla y nutrirla con la práctica y con los avances del conocimiento científico mundial.
A toda monografía se le pide una justificación, en términos del interés social que pudiera tener. Cuando en estos ocho años que he demorado en hacer este trabajo las personas me preguntan acerca del tema de mi Memoria, la mayoría no sabe lo que significa “autogestión” o, si conocen el concepto, sus comentarios son como si se tratara de una investigación arqueológica. Lo cierto es que prácticamente los únicos que entienden el alcance que pudiera tener un estudio sobre el fenómeno en cuestión, es la gente que está vinculada a la labor social, en ONGs u organismos públicos dedicados al desarrollo comunitario. Creo que esta situación se podría explicar por varios motivos:
a) Antes del golpe de Estado de 1973, el término autogestión fue usado como bandera de lucha por el partido Demócrata Cristiano, lo que dado el ambiente de sectarismo de esos momentos, derivó en que fuera un concepto mirado con recelo por los otros actores políticos. Junto con el hecho de que el modelo autogestionario propugnado por la DC era muy rígido, por su parte la izquierda chilena todavía no vivía la ola renovadora que impulsó el Mayo 68 francés. Por esto, su estatismo y la gran influencia de la doctrina marxista-leninista, les hacía tomar distancia con respecto a la idea de autogestión. Esto se verá claramente en el desarrollo de esta monografía.
b) Después de la intervención militar de 1973, un sector de la DC con el apoyo del cardenal Raúl Silva Henríquez ayudó a configurar un sector de empresas de trabajadores, con el cual se pretendía, entre otras cosas, dar trabajo a muchos dirigentes sindicales que quedaron cesantes después del Golpe. Estas empresas sobrevivieron con el apoyo de un Instituto de la Autogestión que canalizó recursos provenientes del extranjero. Pero, con las crisis económicas de 1975-77 y 1982, más las adversas condiciones del contexto político, social y económico, esa experiencia terminó con la desaparición de la mayoría de las empresas. Paralelamente, la izquierda en el exilio conoció las nuevas tendencias que comenzaron a desarrollarse luego del Mayo Francés del 68. Un importante número de sus militantes empezó a trabajar en ONGs y organismos internacionales, en donde las ideas autogestionarias tuvieron amplia difusión. Como veremos más adelante, el apogeo de la “moda” autogestionaria se dio en Europa aproximadamente en 1977.
c) En Chile y en otros países del mundo, a partir de 1978 se impusieron políticas económicas de tipo neoliberal y adquirió mucha fuerza el movimiento neoconservador, cuyas figuras emblemáticas fueron Ronald Reagan y Margaret Tatcher. Dado el gran costo social que implicaron dichas medidas, se produjo un proceso en que confluyeron las iniciativas espontáneamente solidarias de los sectores populares, con el apoyo de organizaciones de técnicos y profesionales inspirados con ideas autogestionarias. En nuestro país ese fenómeno fue definido como Economía Popular de Solidaridad, cuyos protagonistas eran las Organizaciones Económicas Populares (OEP). En Europa, la retirada del Estado benefactor, abrió la puerta a la aparición de muchas experiencias autónomas de solidaridad democrática, que levantaron el discurso de la emergencia de la sociedad civil.
d) A nivel mundial, con la moda autogestionaria, muchos gobiernos habían impulsado reformas inspiradas en ideas de autogestión, las cuales, después de algunos años, se vio que se topaban con grandes obstáculos, por lo que no satisfacían las altas expectativas que se habían creado. Simultáneamente, la ola neoliberal, respaldada por organismos como el FMI y el Banco Mundial, hizo que los Estados abandonaran las experimentaciones en busca de democratizar la economía y se concentraran en procesos privatizadores y de reducción de los gastos públicos. Con esta tendencia hegemónica, las experiencias autogestionarias quedaron relegadas a iniciativas particulares y autónomas de la sociedad civil. En Chile, a raíz de la reactivación económica de 1984, que significó 15 años de crecimiento sostenido, una baja ostensible de la inflación y la sanidad en las cuentas macroeconómicas, el discurso neoliberal alcanzó legitimidad. El triunfo del NO en el plebiscito de 1988 y el comienzo de la transición a la democracia en 1989 coincidió con el desmoronamiento de los “socialismos reales” de Europa oriental. Se habló del fin de las ideologías y de la historia; parecía que la gente ya no quería saber más de experimentos sociales.
e) La Concertación de partidos por la Democracia, en el gobierno desde 1989, legitimó aún más el modelo neoliberal, al desligarlo de su pasado dictatorial y envolverlo en un Estado de Derecho y de instituciones democrático-liberales. No obstante, se mantuvieron varios “enclaves autoritarios” que hicieron muy difícil intentar reformas estructurales. Estos diez años de democracia “protegida” sirvieron para consolidar un modelo y una “manera de ver las cosas” que, indudablemente, ha generado numerosas contradicciones. No por nada prácticamente todos los (as) candidatos (as) para las elecciones de 1999 se publicitan representando un ansia de cambios. Ahora bien, esto no significa necesariamente una posibilidad importante para el movimiento alternativo o autogestionario. Veamos por qué...
f) Si bien el socialismo autogestionario encuentra adhesiones entre las filas de tendencias como la ecologista, humanista, personalista comunitaria, demócrata-cristiana, socialista libertaria, etc., son corrientes claramente minoritarias. Las líneas políticas más fuertes en este momento en Chile podría decirse que son:
- La izquierda se halla dividida mayoritariamente entre quienes se mantienen anclados en la doctrina marxista-leninista, y los que optaron por lo que se ha llamado “tercera vía”, es decir, una social-democracia con tintes más liberales.
- El centro podría diferenciarse entre aquellos que mezclan el social-cristianismo con lo que anotamos como “tercera-vía”, y los que se identifican más con postulados neoliberales-neoconservadores.
- La derecha está mutando hacia una compleja combinación de tendencias: mantiene su eje neoliberal-neoconservador, pero adosándole cada vez más ingredientes populistas y, en menor medida, componentes de liberalismo clásico.
En el plano social, aunque existe una central sindical que propugna la autogestión de vertiente humanista cristiana (Central Autónoma de Trabajadores - CAT) es una organización pequeña. Por su parte, el movimiento mutualista sobrevive en la misma situación de estancamiento que le provocaran las leyes de 1924-25, y el cooperativismo se encuentra lentamente recuperándose de sus problemas derivados de su larga dependencia respecto a las políticas del Estado (falta de autonomía). En tanto, las ONGs tuvieron que reconvertirse, pues pasaron de depender del financiamiento internacional al del Estado chileno, con lo cual debieron reducir al mínimo su ideología “alternativa”.
Por lo visto, no son muy alentadoras las cosas para la difusión de las ideas autogestionarias. A esto se suma que, a nivel mundial, el desconcierto es mayúsculo y pareciera que la humanidad se halla impotente ante el rumbo que toman los acontecimientos.
Ahora es oportuno volver a la interrogante de por qué puede ser “útil” gastar tanto tiempo en investigar sobre el devenir de la autogestión; qué es lo que inspira a una persona joven a pasar más de ocho años dándole vueltas a un asunto que pareciera ya superado. Basta con dar una ojeada a los informes de los organismos vinculados a las Naciones Unidas para darse cuenta de que el panorama es desolador. Aquí van algunos datos como botón de muestra:
- El Dr. Otto Dorr, en mayo de 1991 daba el siguiente resumen:
“Cada minuto, los países del mundo gastan dos mil millones de dólares en armamentos. Cada hora, en el mundo mueren 1.500 niños de hambre. Cada día, desaparece del planeta una especie animal o vegetal. Cada mes, aumenta la deuda externa de los países subdesarrollados en siete mil millones de dólares. Cada mes, aumenta el desierto en el equivalente a tres cuartos de la superficie de Corea”.
- En 1999, el médico Phillip M. Harter, de la Universidad de Stanford, dio a conocer estas estadísticas mundiales:
El 80% de los habitantes de la Tierra vivirían en niveles por debajo del estándar de una vivienda normal. El 70% serían incapaces de leer. 50% sufrirían desnutrición. Sólo 1% tendría educación universitaria, y también 1% poseería un computador.
Esta misma investigación nos indica, en cambio, que el 6% de las personas poseerían el 59% de la riqueza mundial y todas ellas serían de EUA.
- De acuerdo con el economista Ravi Batra,
“el 1% de la población mundial posee el 34% de la riqueza mundial. Cada año los norteamericanos consumen el equivalente a más de seis Brasil. Hacia 1979, en el grupo de los países pobres había unos tres mil millones de personas, con 400 dólares de promedio de ingreso por habitante; y, por el otro, unos mil millones de personas ricas con más de seis mil dólares por persona. Y, hacia 1999, cada una de las 100 mayores empresas transnacionales vende más que cualquiera de los 120 países más pobres; 23 empresas controlan el 70% del comercio mundial”.
Dada esta apabullante realidad, no deja de tener sentido cuando alguien como Alejandro Rojas, ex presidente de la Fech durante la Unidad Popular y ahora investigador medioambiental en Canadá afirma:
“El mundo industrializado se ha convertido en una inmensa aspiradora que succiona los recursos energéticos y arrasa con la vida, en un proceso acelerado de cementificación y plastificación del mundo, que incidentalmente provoca la explosión demográfica del Tercer Mundo. Este proceso está en el origen del hambre y la pobreza de la gente, y cuenta con la activa colaboración de las élites transnacionales del Tercer Mundo”.
Pero el problema es tan grave, que incluso en los países “desarrollados”, la calidad de vida deja mucho que desear. En palabras del prestigioso sicólogo Viktor Frankl,
“en la sociedad de la abundancia, el estado de bienestar social prácticamente satisface todas las necesidades del hombre; hasta algunas necesidades en realidad son creadas por la misma sociedad de consumo. Sólo hay una necesidad que no encuentra satisfacción y ésa es la necesidad de sentido en el hombre, ésta es su ‘voluntad de sentido’, como yo la llamo”.
Este autor desenmascara también la cultura hedonista, cuyo mapa de referencias son el placer, el dinero, el éxito y el tener, engañoso camino que no hace más que reforzar finalmente el “vacío existencial”. Para Frankl, el ser humano, en último término, puede realizarse sólo en la medida en que logra la plenitud de un sentido fuera, en el mundo y no dentro de sí mismo.
“El hombre apunta por encima de sí mismo, hacia algo que no es él mismo, hacia algo o alguien, hacia un sentido cuya plenitud hay que lograr o hacia un semejante con quien uno se encuentre”.
Por lo tanto, no es una solución aspirar a que todos los países del planeta lleguen a ser “desarrollados” a la manera de las naciones industrializadas. Es más, tal como lo ha explicado en varios artículos el actual rector de la Universidad de Valdivia, Manfred Max-Neef, si todas las regiones de la Tierra pudieran alcanzar el nivel de consumo y producción de las zonas del “Primer Mundo”, simplemente el planeta colapsaría, porque se arrasaría con los recursos naturales y porque el aumento de la energía artificial generada por el hombre provocaría imprevisibles catástrofes.
Este mundo es tan paradojal, absurdo. Theodor Adorno, uno de los intelectuales más destacados de la Escuela de Frankfurt, lo planteó de la siguiente forma:
“Podemos percibir la demencia consistente en que una humanidad, cuyos medios técnicos bastarían para transformar hoy día este mundo en un paraíso (me conformaría con que fuera un mundo digno) en el cual ningún niño y ningún anciano debieran padecer y morir de hambre, que una tal humanidad invierta la mayor parte de su producto social en la fabricación de instrumentos de destrucción. Para percibir esta demencia no se necesita ni de una idea abstracta ni de una imagen política de lo que debiera ser la sociedad. De ninguna manera me intimida el reproche de negativista. Lo positivo consiste hoy en día en intentar, en la medida de nuestras fuerzas, poner fin a este estado de deshumanización espiritual que ya hemos alcanzado y que amenaza transformarse en una deshumanización total del hombre”.
Pese al desencanto, a la crisis de las utopías, al desasosiego, a la apatía, a la desazón, a la sensación de impotencia, a las crisis de pánico y angustia, pienso que, a fines de este siglo XX podemos tener, como cree el historiador Eric Hobsbawn, un modesto optimismo. Esto, por los siguientes motivos:
- Merced a la revolución de las comunicaciones electrónicas, la Tierra se está convirtiendo progresivamente en lo que Mc Luhan denominó la “aldea global”. En virtud de una “lógica cognitiva”, como dice Carlos Cousiño, la unificación mundial se estaría logrando a través de las instancias de la ciencia, la tecnología y el mercado. La posibilidad de un desastre nuclear primero, y el peligro de una catástrofe ecológica, después, han provocado que se tome conciencia de la unificación del planeta, de la interdependencia de todos sus integrantes y que se cuestionara la idolatría del progreso ilimitado. Tanto la globalización como la unificación del mundo ponen en entredicho las dicotomías civilización-barbarie, amigo-enemigo, así como las divisiones nacionales, las fronteras artificiales, los antagonismos religiosos. Al mismo tiempo, revitaliza las identidades locales, la diversidad cultural y pone en evidencia los contrastes. En la medida que la humanidad, el planeta, puede mirarse a sí misma como una unidad, se abren insospechadas posibilidades de reflexión y cambio.
- La búsqueda de nuevos paradigmas a través del acercamiento entre la ciencia occidental y la mística de oriente. El cuestionamiento y revisión de la racionalidad cartesiana, de la Ilustración, del positivismo, etc. en busca de un “reencantamiento del mundo”. La investigación acerca del cristianismo primitivo (pre-Constantino), del budismo, del islamismo sufi, del taoismo y el replanteamiento de las ciencias (Paracelso, Maturana, etc.), están en la base de lo que se ha llamado Nueva Era. Un destacado exponente de esta tendencia es el científico chileno Francisco Varela.
-Desde la última postguerra mundial se venían conociendo los horrores del terror bolchevique-stalinista, con crímenes que sumaban millones de seres, y que tendría su figura más terrorífera-caricaturesca en la persona de Pol Pot, el dictador camboyano responsable de la muerte de millones de sus compatriotas en 1975. Este proceso de desenmascaramiento del “jacobinismo rojo” tuvo su momento culminante con la caída de la cortina de hierro y con la matanza de la plaza Tiananmen en 1989. Esta verdad ha provocado una grave crisis en el seno de las corrientes políticas de emancipación, en especial en el socialismo, un movimiento que, como dijo Von Misses (economista neoliberal) en 1947, ha sido el mayor agrupamiento humano en torno a ideas y principios, que ha unido a personas por encima de religiones, razas o nacionalidad. Cornelius Castoriadis señaló en 1996, que la actual situación
“es como alguien que ha recibido un gran golpe en la cabeza, y esto se agrava por el hecho de toda una propaganda neoliberal que dice que no podemos hacer nada más que aquello que se hace, y que si usted quiere hacer otra cosa usted culminará en el ‘gulag’, lo que es un sofisma infame”.
Es cierto que, al parecer, la gente no desea más experimentos sociales, pero no es menos verídico el panorama “escalofriante” que, como vimos, presenta el mundo hoy.
Las crisis o quiebres -tal como dice el ingeniero Fernando Flores- son buenas oportunidades para innovar. En este sentido, comparto la idea de que este período sirve para re-examinar todo el horizonte del pensamiento en el que se ha situado, desde hace dos siglos, el movimiento socialista. Allí encontraremos, como podrá verse en el desarrollo de esta monografía, una vertiente profundamente humanista, antiautoritaria, no patriarcal, libertaria y “holística”, que fue permanentemente reprimida y “ocultada” por la vertiente jacobino-bolchevique. Tal como señaló Castoriadis al visitar nuestro país en 1996, poco tiempo antes de morir, para que la humanidad pueda habitar una casa digna, “humana”, el único sistema político que es capaz de hacerlo es
“un régimen de autonomía, es decir, de autogobierno colectivo, que trata de educar a los individuos también para que sean individuos autónomos”.
Y de esto se trata la autogestión, que se convierte en un concepto fundamental para un nuevo y reformulado movimiento político, social, cultural y económico de emancipación, basado en la libertad, los derechos humanos, la responsabilidad ecológica y la igualdad en la diversidad.
Vivimos en un mundo, en una sociedad sustentada en organizaciones. El problema, siguiendo a Humberto Maturana, es que en el sistema capitalista-estatal, las organizaciones están constituidas de tal manera que “ser persona es una impertinencia”, y las relaciones de trabajo no son sociales sino productivas, donde hay explotación de unos sobre otros para satisfacer los fines de los primeros. La gran apuesta de la autogestión apunta a que es posible crear organizaciones y sistemas organizaciones realmente sociales, en donde las personas puedan relacionarse “humanamente”.
Esta Memoria retoma lo que Antonio Colomer declarara en 1983:
“Un clamor universal se escucha en el mundo. La exigencia de una sociedad diferente que reemplace la avidez, la agresión, la competitividad, la obsesión consumista; un mundo en el que podamos autoorganizarnos y decidir por nosotros mismos; en donde la visión del otro como competidor y objeto de lucro, se sustituya por la del compañero con el que establecemos relaciones solidarias en un esfuerzo común. [...] Queremos, al mismo tiempo, rastrear en nosotros y en nuestra memoria colectiva los gérmenes ya enraizados de ese futuro liberador, coincidimos en una búsqueda universal en donde tantos hombres y pueblos del planeta, por diversos campos, convergen. De ahí el incluir -pese a su peligro mítico- la palabra AUTOGESTION en nuestro título ya que se ha convertido en lugar de encuentro e identidad, de experiencias y teorías muy variadas”.
Otro elemento que suele pedírsele a una tesina como esta es el de la originalidad. Después de haber estudiado varios textos sobre autogestión, me da la impresión que lo “nuevo” de esta investigación podría ser, por un lado, el intento de contextualizar, de entregar la atmósfera en que se ha desarrollado el desenvolvimiento teórico y práctico de la autogestión. De esta manera, se ha buscado un análisis no aislado de los procesos sociales, lo que en términos modernos se conoce como “historiografía social”. El conocimiento del ambiente cultural, económico, científico, político, y artístico, da mayores elementos para entender el devenir de fenómenos sociales. En segundo lugar, me parece que otra característica peculiar de este trabajo es su visión ecléctica, barroca o sincrética, en cuanto a destacar la confluencia de varias corrientes que han alimentado o adherido a las ideas autogestionarias. Existen muchos libros que hacen aparecer a la autogestión como patrimonio exclusivo de tal o cual doctrina o ideología. Por el contrario, esta Memoria se inscribe en el ejemplo situacionista de fines de los sesentas y del movimiento alternativo de los ochentas. Por lo tanto, este proyecto se ubica en la línea seguida por pensadores que han hecho grandes esfuerzos por “liberar” a la autogestión de sus ataduras ideológicas, para vincularla más a los descubrimientos y avances de las ciencias. Por nombrar a los más recientes, estarían: Pierre Rosanvallon, Rene Lourau, Georges Lapassade, Fernando Savater, Murray Bookchin, Iván Ilich, Pierre Clastres, Félix Guattari, Cornelius Castoriadis, Amadeo Bertolo, Roberto Guiducci, Tomás Ibañez, Antonio Colomer, Cristian Ferrer, Franz Mintz, Luis Razeto, Manfred Max-Neef, Juan Espinosa, Martín Hopenhayn, Luis Weinstein, entre otros.
Por último, lo que corresponde ahora es presentar la estructura de esta monografía. A continuación tenemos el marco teórico, que es muy simple, ya que gran parte del desarrollo se refiere a la dimensión teórica de la autogestión. Sólo tomé un texto de Luis Razeto en que explica muy claramente la importancia de la relación teoría-práctica en el devenir de la autogestión. Después, en el desarrollo, nos encontraremos con una cronología de sucesos, casi un “pegoteo” de hechos y discursos que van configurando un proceso social. Los últimos 200 años fueron dividos en siete períodos de aproximadamente 30 años cada uno, separados por hitos de inspiración autogestionaria. Evidentemente, aparecen como datos muy en bruto, faltándoles procesamiento de la información y trabajo de edición; el resultado es una narración bastante caótica y, a veces, aparentemente inconexa. Más parece un video clip que un relato lineal, pero siempre hay ideas-eje que hacen las veces de columna vertebral del conjunto. La idea era realizar una crónica periodística, pero esa labor quedará para otra oportunidad, pues mi objetivo es que este sea el primero de una serie de estudios sobre este tema. Finalmente, en la conclusión se entregan algunas hipótesis que servirían, eventualmente, para futuras investigaciones.
En cuanto a la metodología utilizada, sólo puedo decir que este trabajo es fruto de mucha lectura, de algunos apuntes y de una “pasión”.
(El documento completo puede descargarse en: http://www.monografias.com/trabajos24/autogestion/autogestion.shtml )